Cuando yo decidí casarme, no era eso lo que decidía.
La decisión de casarnos estaba tomada entre los dos hacía mucho tiempo. Porque nos queremos, porque queremos estar juntos toda la vida, porque llevamos cinco años viviendo como un matrimonio.
Lo que yo (porque fui yo y nadie más) estaba decidiendo en ese momento era que no quería que el hecho de no haber terminado la carrera fuese el condicionante para el resto de mi vida personal.
Mi vida laboral sigue su propio camino, con carrera o sin ella, no le afecta, no le importa. Y me va bien.
Mi vida personal estaba condicionada totalmente por ese fantasma que no me dejaba vivir. No es justo. No es sano que los fantasmas dirijan tu vida. En ese momento no decidí casarme, decidí que terminar la carrera no era lo único que yo quería en la vida. No debía ser el condicionante de mi vida.
Terminaré el proyecto, o no. Nadie lo sabe. Yo no lo sé.
Muchos estáis convencidos de que no lo haré. Muchos otros estáis convencidos de que sí. Otros creéis que si quisiera lo haría, aunque yo no creo que sea tan simple.
Yo no lo sé. Todo es posible. Lo que sé es que no quiero que el hecho de no haber terminado la carrera defina el resto de mi vida. Ya le he dado seis años. No pienso darle más. Ya no es el centro de mi vida.